martes, 8 de noviembre de 2011

EL ORO Y SU PASADO ENTRE RUINAS Y COLINAS



Es impresionante a veces como la mente genera ideas predefinidas,  es decir, al escuchar un nombre el cerebro lo relaciona en fracción de segundos directamente con algo sin generar más posibilidades. En turismo y desde mi propia experiencia es muy frecuente escuchar un lugar o una provincia y relacionarla con algún icono o atractivo. Como  para citarles un ejemplo, si digo: “Ecuador”, qué es lo primero que se nos viene a la cabeza…. si digo: “playa”… y si digo: ¿“El Oro”…? Creo que a un gran número de personas lo primero que se nos viene a la cabeza son las grandes plantaciones de banano, Machala y Zaruma sin ni siquiera imaginarnos los misterios que se pueden encontrar.   

El Oro es una de las provincias turísticamente menos aprovechadas, pero al investigarla es posible encontrar un sinnúmero de matices, cultura, gastronomía, historia, avifauna, manglares, agricultura.  Es una provincia que combina archipiélagos con litorales, estribaciones de la cordillera y Andes. Definitivamente detallar cada una de estas caras llevaría más de un artículo, en esta ocasión solo quiero referirme a un tema muy particular y que sin duda es valioso aprender y más aún cuando se trata de nuestros antepasado; de los  vestigios arqueológicos del austro.

Iniciaremos desde los 0 msnm. En la zona rural de Jambelí, Don Miguel Cruz presidente de la junta parroquial nos comenta que en el archipiélago hay dos zonas conocidas como las Huacas  y Bellavista, donde a través de los años se han ido encontrado enterramientos antiguos, como vasijas  y esqueletos que denotan los cientos años que esta zona  ha sido poblada.

En las tierras bajas de la provincia es común escuchar a los agricultores hablar  de  tolas y huacas funerarias en medio de los campos y de los intrépidos e improvisados huaqueros que atraviesan las hileras de banano en las noches a ver que pueden desenterrar, algo similar sucede en la parroquia de El Retiro,  en uno de sus caseríos se observa una tola funeraria sin ningún tipo de estudio ni referencia que prácticamente se está destruyendo pues los pobladores decidieron construir una iglesia en la parte superior, lo más llamativo de esto es ver las gradas, donde, al raspar un poco la tierra se ven pedazos de cerámica  de distintos tamaños y decorados.


Petroglifos de Nudillos