Es impresionante a veces como la
mente genera ideas predefinidas, es
decir, al escuchar un nombre el cerebro lo relaciona en fracción de segundos
directamente con algo sin generar más posibilidades. En turismo y desde mi
propia experiencia es muy frecuente escuchar un lugar o una provincia y
relacionarla con algún icono o atractivo. Como
para citarles un ejemplo, si digo: “Ecuador”, qué es lo primero que se nos
viene a la cabeza…. si digo: “playa”… y si digo: ¿“El Oro”…? Creo que a un gran
número de personas lo primero que se nos viene a la cabeza son las grandes
plantaciones de banano, Machala y Zaruma sin ni siquiera imaginarnos los
misterios que se pueden encontrar.
El Oro es una de las provincias
turísticamente menos aprovechadas, pero al investigarla es posible encontrar un
sinnúmero de matices, cultura, gastronomía, historia, avifauna, manglares,
agricultura. Es una provincia que
combina archipiélagos con litorales, estribaciones de la cordillera y Andes. Definitivamente
detallar cada una de estas caras llevaría más de un artículo, en esta ocasión
solo quiero referirme a un tema muy particular y que sin duda es valioso
aprender y más aún cuando se trata de nuestros antepasado; de los vestigios arqueológicos del austro.
Iniciaremos desde los 0 msnm. En la
zona rural de Jambelí, Don Miguel Cruz presidente de la junta parroquial nos
comenta que en el archipiélago hay dos zonas conocidas como las Huacas y Bellavista, donde a través de los años se
han ido encontrado enterramientos antiguos, como vasijas y esqueletos que denotan los cientos años que
esta zona ha sido poblada.
En las tierras bajas de la
provincia es común escuchar a los agricultores hablar de tolas
y huacas funerarias en medio de los campos y de los intrépidos e improvisados
huaqueros que atraviesan las hileras de banano en las noches a ver que pueden desenterrar,
algo similar sucede en la parroquia de El Retiro, en uno de sus caseríos se observa una tola
funeraria sin ningún tipo de estudio ni referencia que prácticamente se está
destruyendo pues los pobladores decidieron construir una iglesia en la parte
superior, lo más llamativo de esto es ver las gradas, donde, al raspar un poco
la tierra se ven pedazos de cerámica de
distintos tamaños y decorados.
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